Buenos días, I.J. Cuéntanos algo sobre ti para quien todavía no te conozca.

En la serie Fringe aparecen unos señores llamados «observadores». Observar la realidad, cuestionándola en cualquier tiempo y espacio, para convertirla en materia ficcional a través de la memoria, la creatividad y el azar, es un letmotiv que me acompaña desde niño.

Soy buena gente. Nací en 1979 en una isla con forma de corazón. Mi último libro está dedicado a mi hijo de seis años: «Para Hugo, el guardián de todos mis futuros».

¿Qué pasó para que se despertara en ti el interés por la literatura? ¿Qué te aporta?

Siguiendo la línea conceptual de la pregunta anterior: la literatura es una sala de conversaciones con el escritor y una sala de autopsias para uno mismo.

La literatura me ha ayudado a canalizar deficiencias emocionales de fábrica y tonterías propias de una especia en vías de intención. Te permite explorar aquello que en cierta medida escapa a la comprensión (pensemos en el horizonte de sucesos o en la insensatez humana).

Sabemos que eres un autor prolífico, ya que has escrito tanto narrativa breve como artículos de diversa índole para diferentes medios (prensa, revistas). Aunque lo más destacable de tu extenso currículum literario es el poema. ¿Qué tiene para ti la poesía que eclipse a los demás géneros?

La poesía es la diosa suprema. Está en todas partes. A mis camaradas poetas suelo decirles que la poesía no necesita a los poetas.

Recientemente has ganado el I Premio «Siete Pisos» de novela corta. ¿Qué se siente al conseguir ese reconocimiento?

Los premios son drogas difíciles de conseguir; pero si pillas, experimentas un chute directo al circuito de recompensa. ¡BUM! Luego, cuando el efecto se disipa, regresas a la soledad del corredor de fondo. La novela ganadora es mi trabajo más reciente en narrativa. La construí, destruí y reconstruí con la libertad de un poeta que entiende que la única manera de salir indemne del ring literario es conocer al enemigo como a uno mismo. Recibí la noticia de regreso a casa, después de un viaje interminable desde La Habana, donde había participado en un encuentro con jóvenes escritores de Iberoamérica y el Caribe. Fue una sensación similar al jet lag: cabeza flotante, pies de asfalto.

¿Qué puedes contarnos de En el futuro los coches no vuelan?

Es una novela que adentra al lector en un viaje espacio-temporal por la memoria de un hombre atrapado en la más absoluta negación del ser como sujeto real. Comencé a escribirla siguiendo un tratamiento cronológico/psicológico/bibliográfico bastante definido, luego seguí mi instinto (sin mi experiencia vital como padre jamás la hubiera escrito).

¿Cómo suele ser tu proceso de trabajo? ¿Las ideas brotan solas o utilizas algún tema para inspirarte?

En los talleres de escritura que imparto comienzo con esta frase: no creo en los talleres tradicionales donde te muestran las pautas de la excelencia narrativa mediante un glosario interminable de elementos inamovibles. Creo en las bibliotecas. Hemos de conocer a los maestros (saberlo todo de ellos/as, leer sus obras para no asistir a talleres literarios; leerlos con pasión para olvidarlos luego con el mismo entusiasmo. Interiorizar aquello que nos emociona.

Suelo tener una idea matriz que se bifurca en conceptos. En otras ocasiones escribo sin saber hacia dónde se dirige el discurso narrativo. Cada historia requiere un tipo de registro, método… que puede sintetizarse en la búsqueda incesante de ese sonido tan reconocible como escurridizo.  

¿Qué métodos de promoción sueles utilizar? ¿Son efectivos?

Soy publicista de profesión. Conozco algo sobre las viejas y las nuevas herramientas. En American Gods, dioses antiguos y nuevos luchan por ganarse el favor de los mortales. Hay varias claves, pero en estos momentos de mi carrera literaria estoy centrado en generar un buen producto. Pese a los algoritmos, redes infinitas e influencers, el boca a boca sigue siendo una de las acciones publicitarias más importantes. Hoy, más que nunca, escuchamos aquello que encaja con nuestro repertorio mental. Los prescriptores son el nexo entre los antiguos dioses y los modernos.

¿Cómo podemos encontrarte en las redes? Y tus libros, ¿dónde los podemos adquirir?

Estas son mis islas virtuales:

www.ijwriter.com

www.instagram.com/i.j.hernandez/

www.facebook.com/IJwriter

En relación a mis libros, recomiendo perderse en la red (la ineludible deidad de nuestro tiempo).

¿Tienes nuevos proyectos en mente?

Cuando termino un libro me alejo durante un tiempo de la escritura, a lo sumo algún verso o microcuento bosquejado en cualquier parte; devoro series, cine, libros, música, paisajes… Después de escribir narrativa, regreso a la poesía.

¿Hay algo más que quieras compartir con nosotros?

Por supuesto, agradecer a todo el equipo de Devenir su gentileza por abrir las puertas de su casa a un desconocido. Espero y deseo que podamos compartir sinergias creativas en próximas fechas. Muchas gracias y éxitos con el proyecto.